Coming back to life

No me acostumbro a la muerte de otros.
En especial cuando es la mía la que espero impaciente.

Porque al final la muerte no es más que un cambio de estado, un poco más drástico que otros cambios, pero cambio al fin. Y en la búsqueda incesante del cambio es que añoro la muerte, que llegue rápida e invasiva, pero no tan drástica como para no poder volver de ella.

Hay muertes pequeñas, aquellas de las que uno sabe que va a salir con vida.

Hay muertes cíclicas, aquellas en que uno sabe que va algo va a renacer. En unos meses, días o años, en esas largas vueltas de la vida, quizás durante la agonía, pero vuelven al fin. Con más o menos fuerza, pero vuelven.

Pero hay muertes definitivas, drásticas, tajantes.

A esas aún no me acostumbro.

Aunque espero incesante por la mía.

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Escribí este texto en octubre del 2007, y a sólo 9 meses (irónicamente simbólico), me acabo de dar cuenta de que efectivamente experimenté la muerte que esperaba impacientemente.

Morí, drásticamente, mas no definitivamente.
Y creo que es eso lo que ahora me permite decir... que estoy experimentando vida.

Creo que en mi desahogo anterior, aún no era capaz de ver lo que si veo ahora. Ya no son hechos, ahora realmente son vivencias... en verdad experimenté la muerte, y sólo por eso puedo decir que estoy despierta.

Creo firmemente en morir, creo que es necesario para abrir los sentidos a otras vidas, vidas cuánticas, paralelas, que no las estaba viendo, no las estaba viviendo, porque había que dejar ir tantas cosas, apegos, etiquetas, lazos, ...

Y el tiempo que toma esperar la muerte definitiva, me pregunto... que hay mientras? cuál es la razón de levantarse cada mañana y darle sentido a respirar, a sentir, en especial ahora que en cuanto alguno de mis sentidos me avisa que se me ha concedido un nuevo tiempo, puedo hacer de ese tiempo simplemente lo que quiera... lo que de inmediato me sugiere dos cosas: libertad y responsabilidad.

Estoy leyendo Conocer a Dios de Deepak Chopra, y me encuentro con esta frase de Platón "Una vez que hemos encendido la llama de la verdad, ya no se apaga nunca". Y es interesante porque páginas atrás habla de un autor anónimo que "nos informa de que cualquier pensamiento de la mente nos separa de Dios, porque el pensamiento vierte luz sobre su objeto. El foco de atención es como "el ojo de un arquero fijado en el blanco al que va a disparar". Incluso aunque la nube de desconocimiento nos desconcierte, está realmente más cerca de Dios que un pensamiento sobre Dios." Entonces... que verdad es la que buscamos? La verdad que sea más parecida a una nube de desconocimiento porque... quién puede siquiera creer que puede definir a Dios?, si en el momento en que lo definimos, le vertemos luz, lo convertimos en objeto, y en ese instante pierde su esencia.

Yo creí en una verdad por más de 12 años, y me impactó descubrir que es sólo una aproximación a la verdad, válida y establecida, pero jamás única. Por el contrario, creo que hay tantas verdades como personas en el mundo, porque puedo tener mi verdad, pero que no sirve para nadie más que para mi, y que probablemente no dure mucho tiempo, porque se nutre y evoluciona en la medida en que escucho y experimento otras verdades, tan válidas como la mía. Al final del día, quién soy yo para decir que mi verdad es mejor que la tuya? La sola audacia que implica, demuestra su falsedad. Sin embargo, sigo buscando esa verdad, entendiendo que jamás la voy a definir, justamente para no convertirla en objeto, no extirparle su esencia, sino sólo por la inquietante y entretenida labor de buscar, definir, echar abajo y volver a buscar. Entre otras cosas, he disfrutado conocer otras verdades que diferentes persona me han ofrecido, ni para evaluarlas, ni para cambiarlas, sino para seguir con mi construcción.


Interesantemente... recuerdo la Torre de Babel, una construcción que terminó en una tarea sin terminar, porque querían llegar a Dios. Pues, mi búsqueda es eso, una construcción que espero nunca terminar, porque definitivamente no es la forma de llegar a Dios. Incluso, no creo que haya una forma de llegar a Dios, pero creo que el ejercicio es entretenido, hace bien y me da una razón para que mis sentidos quieran agradecer el tiempo concedido, mientras me dejo sorprender por lo que la vida misma me entrega cada día.

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